Escribe Michael Epstein / Gerente de Spondylus Escuela de Buceo

Son las 8 y 15 del 25 de agosto del 2015. Junto a un grupo de ocho buzos zarpamos del muelle de Los Órganos con rumbo a la plataforma petrolera en desuso que está ubicada a unas tres millas de la costa.  ¡Ballenas!, dice en un momento del viaje el capitán. En menos de 5 minutos empiezan a verse los lomos de estos impresionantes cetáceos. Son tres ballenas nadando juntas. Las seguimos por unos 15 minutos y luego de eso retomamos el rumbo a la plataforma.


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Una vez en la plataforma empezamos a alistarnos. Wetsuits, botines, aletas, tanque, chaleco y reguladores. “Faltan los plomos”, le indico a un chico israelí y a una señora argentina. Ahora sí, estamos listos y nos vamos al agua.

Hacemos el descenso por el cabo de seguridad hasta los 5 metros, revisamos que todos están bien, y de inmediato se aparecen 2 lobos marinos de los grandes. Empiezan a examinarme. Algo raro está pasando. Normalmente no son tan curiosos ni  se aproximan tanto. El agua azul y clara nos regala una visibilidad impresionante.

Seguimos el descenso y a los 15 metros me encuentro con la instructora Moran Naim. La veo muy emocionada y me señala algo por fuera de la plataforma. En un primer momento no le entendí claramente y pensé que tal vez eran las ballenas pasando cerca de la plataforma. Me acerco y de pronto se me abren los ojos como dos pelotas de tenis. ¡Una mantarraya gigante!

Me agarro la cabeza y miro a todos alrededor. Es un momento increíble. Tiene no menos de 5 metros de envergadura y es totalmente pacífica. Nos acercamos a ella. Alrededor de 20 rémoras (peces de cabeza plana que se adhieren a su cuerpo) la acompañan. Es un espectáculo alucinante y todos estamos realmente emocionados.

La mantarraya gigante nos acompañó durante todo el buceo. Daba vueltas en circular a toda la estructura de la plataforma. ¡Qué gran regalo nos dio la naturaleza! Y como si no fuera suficiente con eso, cinco lobos marinos bajaron 20 metros  y empezaron a bucear alrededor de la manta y la observaban casi tan alucinados como nosotros.

Normalmente los lobos bucean solos o en pareja, por lo que creemos que estos animales se “avisaron” entre ellos lo que estaba ocurriendo con la manta y bajaron a disfrutar de esta aparición.

La mantarraya gigante (Manta Birostris) es una especie amenazada y protegida en muchos países. Todavía  estamos esperando que en el Perú la incluyan a la lista de especies legalmente protegidas. Podemos cuidarlas, estudiarlas y sacarles mucho más provecho vivas que muertas. Turistas de todo el mundo viajan miles de kilómetros por verlas. Muertas no valen más de 200 soles en el muelle de pescadores.

Particularmente quedaré eternamente agradecido por esta experiencia. Si te gustan el mar y la naturaleza, no te pierdas la oportunidad de bucear con mantas. Es algo que recordarás por el resto de tu vida.

 

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(Fotos: Spondylus Escuela de Buceo)

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